Hoy paz. Sin anhelos ‘mágicos’

Me alegro mucho de que exista una Jornada Mundial para la Paz. No es al azar que sea el 1º de enero de cada año, ya que el primer día del año es la fecha en que (se supone) se empiezan a cumplir nuestros deseos y propósitos para los próximos 365 días. Ya estamos contando los días para que empiece el nuevo año y que empiecen a cambiar las cosas y el día 31 nos alegramos de que se acabe el “viejo” y comience el “nuevo” y nos deseamos paz y prosperidad. Por qué esperar que pasen 365 días para lamentarnos de otros 365 y así sucesivamente?

El Papa, en su mensaje de paz para la jornada de 2014 nos dice: “En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial  de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas  y a los pueblos, una vida llena de alegría y  de esperanza. El corazón de todo hombre y de toda  mujer alberga en su interior el deseo de una vida  plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de  fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros,  en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos  a los que acoger y querer”.

Todo esto lo pienso a raíz de una experiencia que tuve hoy: montamos en el súper una mesa para que las personas donen algo de su compra para la colecta de Cáritas. Desde el domingo pasado está ahí, en la entrada, que es la misma que la salida. El dueño del súper ha tapado el cartel de Cáritas por uno que dice “Comida para la gente del pueblo” …… (suspiro), y hay 15 o 20 cosas. De verdad no apetece ni contarlo, el chico que está en la caja me dijo que la gente está muy mal económicamente, a la vez que escépticos a las “ayudas”, que incluso un anciano se enfadó y dijo que a el lo había abandonado todo el mundo cuando necesitaba y que por eso, el no ayudaba a nadie …… (vuelvo a suspirar). El chico de la caja le daba la razón y lo justificaba…

Y sí, casi todos estamos mal económicamente y no nos ha faltado vernos desamparados en alguna ocasión que llegamos a necesitar ayuda, pero ¿no debería eso movernos a ser más solidarios? ¿Si no nos ayudamos los unos a los otros, cómo podremos resolver la crisis económica por la que estamos pasando? ¿Por qué seguimos insensibles, aferrados a una crisis de valores humanos que nos arrastra a estar cada día peor?

Dentro de unos día tenemos una nueva oportunidad, Cristo vuelve a nacer en un pobre portal, de una pobre familia, en muy pobres circunstancias, pero llega e ilumina el mundo! ¿Hacia donde estamos mirando nosotros que no vemos la luz del hermano en los vecinos? ¿Qué nos impide, año tras año, ver la luz de la estrella de Belén?

No esperemos hasta el 1º de enero para llenar nuestra vida de alegría y de esperanza. Empecemos desde hoy (o mañana a más tardar), que motivos tenemos. Aprovechemos “la energía espiritual que Él nos trae -este Jesús pequeñito que ya estamos esperando-, una energía que nos ayuda a no hundirnos en nuestras fatigas, en nuestra desesperación, en nuestras tristezas, porque es una energía que enardece y transforma el corazón”. (Papa Francisco en la catequesis de hoy). Si anhelamos esa vida plena, en comunión con los otros, si buscamos al hermano en cada persona (sé que es difícil, a mí me costaría mucho encontrar al hermano en el anciano del súper, por poner un ejemplo nada más), tal vez no tengamos que poner nuestras esperanzas en cada 1 de enero, porque lo más seguro es que nos desilusione si no respondemos al anhelo de fraternidad. Si empezamos hoy a cambiar, tal vez cada día, a partir de mañana, sea nuestra jornada mundial de la paz.

¿Comenzamos la mudanza?

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