Los titulares de prensa dirían hoy de él que fue “el martillo de los herejes” pero eso sería hacer un mal Photoshop sobre alguien para quién su mayor esfuerzo fue mostrar la verdad para bien de todos, ganándose a muchos con sincero amor. En las discusiones religiosas, decía con frecuencia a los católicos: “no hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma.”
Este apóstol de Alemania supo ver en los que vivían la fe de modo diferente, e incluso en los que eran tomados como herejes, una mecha que todavía humeaba y podía volver a vibrar si se acercaba lo suficiente al fuego vivo que era Jesucristo. Pedro expresaba hacia fuera lo que vivía interiormente, amor y servicio, desde lo que era: un gran teólogo. Por ello, su acierto al expresar la fe y descubrir los errores frecuentes sobre la misma derribaron las fronteras interiores de tantos que quisieron abrazar la misma fe que aquél hombre vivía.
Incansable, inagotable, se dejó la vida en medio de Concilios y emperadores tendiendo puentes para bien de las personas, renunciando a obispados y cardenalatos y asumiendo infinidad de difíciles misiones recorriendo media Europa sirviendo a la Iglesia. “Quien tenga demasiado qué hacer será capaz de hacerlo todo con la ayuda de Dios”, solía decir pues ya “descansaremos en el cielo.”
Fuente: SerJesuita

Dibujo: Ignasi Flores
San Pedro Canisio nació el 8 de mayo de 1521 en Nimega, Holanda y falleció en Friburgo (Suiza), el 21 de diciembre de 1597. es considerado por la Iglesia Católica como el segundo apóstol más importante en llevar la fe católica a Alemania, siendo el primero San Bonifacio.
Se le considera, por su predicación, un elemento clave en la preservación de la fe católica en Friburgo, Suiza.
Recorrió 30 000 km en sus afanes de difundir la doctrina católica.
Se le atribuye el haber iniciado la prensa católica.
Escribió un Catecismo que, aún en vida del santo, tuvo 200 ediciones y fue traducido a 15 idiomas. Se usó para intentar contrarrestar el catecismo de Martín Lutero.
San Pedro Canisio fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia católica el 21 de mayo de 1925 por Pío XI.
