¿Es eficaz el camino de la belleza para evangelizar?

 

San Hilario, Padre de la Iglesia, reflexionando sobre el primer versículo del Salmo 127: «¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!», observó que «los caminos del Señor son muchos, incluyendo al Señor mismo como El Camino». Hilario concluía que «debemos, por consiguiente, poner el problema de los muchos caminos posibles y evaluar muchos elementos, de tal manera que, iluminados por muchos argumentos, podamos encontrar aquel camino de vida eterna que hace por nosotros». Y él especificaba: «en realidad los caminos existen en la Ley, en los Profetas, en los Evangelios, en los escritos apostólicos y en las diferentes obras de los maestros».

Uno de los «caminos» más antiguos que la Iglesia ha seguido, en su andar como peregrina hacia la vida eterna, es el de la belleza, la «via pulchritudinis», claramente testificada en nuestro arte sacro. Desde las catacumbas hasta el presente, los cristianos han creado obras –sobre todo imágenes de Cristo, de María, de santos hombres y mujeres santas y de la creación llamada junto con la humanidad a la libertad -, y estos productos de su imaginación creativa, transformados por la gracia, se han vuelto parte de nuestro patrimonio compartido: un patrimonio acumulado en un espacio de más de 2000 años, un tesoro amorosamente confiado de generación en generación, un patrimonio que enriquece al mismo tiempo a creyentes y no creyentes.

Este «camino de la belleza» manifestado en el arte no se opone a otros caminos recorridos por la comunidad cristiana, ni es secundario a los caminos de la escritura citados por San Hilario. De hecho, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, en su introducción al Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, recordó que «también la imagen puede predicar el Evangelio». Y acrecentó: «Artistas de todos los tiempos han ofrecido a la asombrosa contemplación de los fieles los eventos sobresalientes del misterio de la salvación, presentándolos en el esplendor del color y en la perfección de la belleza. Esto indica como, hoy más que nunca, en nuestra civilización de la imagen, una representación sacra puede decir mucho más que la misma palabra, debido a la extraordinaria eficacia de su poder de comunicación y de transmisión del mensaje evangélico».

Para reflexionar sobre los problemas relacionados con el turismo, será útil, por lo tanto, en el espíritu de San Hilario, «poner el problema de muchos posibles caminos» y – en aquello que el Catecismo reconoce como «civilización del imagen» – y preguntarse cómo puede nuestro tesoro único de imágenes sacras ayudar en la misión, confiada por Cristo a sus apóstoles, de predicar el Evangelio a todas las criaturas.

Verdaderamente el tema es inevitable, a partir del momento en el que uno de los objetivos de los viajeros, en todas las épocas, es el de ver los edificios y las obras de interés histórico y estético, y en muchas partes del mundo atracciones de tal género son prevalentemente de carácter cristiano: los visitantes de ciudades europeas, por ejemplo – por cualquiera que sea la razón de su viaje y considerando el poco tiempo a disposición -, normalmente buscarán de ver por lo menos la catedral de la ciudad que visitan. Además, la costumbre del «grand tour», que una vez era solamente para la elite, hoy resulta ser una actividad de masa, con millones de viajeros que van específicamente a ver sitios históricos, incluyendo las iglesias.

Y esto no vale sólo para Europa: también el Oriente Medio partiendo del África tiene tradiciones cristianas milenarias ricas de monumentos y hasta en las regiones tocadas por el cristianismo europeo en tiempos más recientes –como América y Australia– edificios eclesiásticos e imágenes sacras constituyen componentes esenciales de la historia y de la identidad nacional. En efecto, en todos los lugares donde está presente la Iglesia, la primera categoría de «turistas» a los que sirve con su arquitectura y su arte es la de la población local, que se refleja en las estructuras y en las imágenes que manifiestan la fe, la vida y sus valores.

«El patrimonio religioso al servicio del turismo y de la evangelización: La “Via pulchritudinis” y el arte sacro»
Extracto de la ponencia de Mons. Timothy Verdon, Director del Departamento diocesano de arte sacro y bienes culturales eclesiásticos de Florencia, Italia (VII Congreso Mundial de Pastoral del Turismo).

Imagen: Frescos de Giorgio Vasari en la cúpula de la Catedral Santa María de las Flores (Florencia )

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